Figura 1

Figura 1: Imagen del estado de la pieza a su llegada al laboratorio de conservación-restauración.

Un nuevo hallazgo.
En 1958, fruto de un hallazgo fortuito, se encontró en el cortijo de Ébora (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) una serie de objetos de oro datados en torno al siglo VI a.C. Juan M. Carriazo realizó en 1959 una excavación en la zona para dilucidar más el contexto y determinar la existencia de otros posibles restos. Desde entonces el yacimiento no ha sido objeto de nuevas intervenciones. En su entorno, a unos 9 kilómetros de distancia, se localizaron restos arqueológicos en el pinar de La Algaida, entre 1978 y 1984, excavaciones dirigidas por Ramón Corzo, director por entonces del Museo de Cádiz.

En 2019, en el entorno próximo del cortijo, unos ciudadanos localizaron este objeto que, de forma ejemplar e inmediata, lo depositaron en el Museo de Cádiz.

El objeto.
Se trata de un colgante de oro de forma esférica, de 1,6 cm. de longitud, fabricado a partir de dos semiesferas laminares soldadas por el ecuador. Este está ribeteado por cenefas paralelas de pequeños glóbulos.
La decoración es de filigrana y granulado, alineada simétricamente en los polos y en el ecuador. Cada tronco de cono aparece dividido en espacios de forma almendrada delimitados por un fino hilo de oro soldado a la superficie, y los espacios triangulares que quedan entre ellos están decorados con tres gránulos cada uno.
El sistema de suspensión está soldado a uno de los polos, realizado con hilos enrollados, y en el extremo contrario acaba con una bolita.

Su cronología coincide con la asignada al tesoro de Ébora, centrada en los siglos VII-VI antes de Cristo.

En lo que respecta a su simbología, la esfera es un motivo que se repite con frecuencia desde el s. VII aC. Su significado es difícil de determinar pero podría asimilarse al umbo u ombligo central de los medallones y otras composiciones de carácter cósmico, tan frecuentes en la orfebrería prerromana.

La tipología es similar a la de las cuentas de collar números 9063 y 9084 del tesoro de Ébora, con antecedentes y paralelos orientales, sobre todo griegos y fenicios, aunque la forma de montar los hilos sobre las láminas de metal es característica de la orfebrería gaditana. Entre los fondos del Museo de Cádiz se encuentra gran número de piezas que demuestran los constantes y fructíferos contactos de Cádiz con el Mediterráneo oriental.

La intervención.
La pieza intervenida presentaba una severa deformación que debido a la maleabilidad del oro no ha provocado apenas fracturas en comparación al importante nivel de deterioro estructural (Figura 1). En este sentido, la plasticidad de la lámina de oro ha soportado las importantes tensiones a las que ha sido sometida la pieza por un efecto de aplastamiento durante el periodo de abandono. Este proceso ha unido las caras internas de la esfera produciendo plegamientos estructurales necesarios para acomodar la superficie de un cuerpo esférico con un radio de aproximadamente 10 mm a un cuerpo plano de forma circular y de apenas 5 mm de grosor.

Los elementos decorativos soldados exteriormente a la lámina tampoco han revestido daños visibles ni pérdidas a excepción de la consabida deformación. Otras alteraciones de menor importancia son los depósitos terrígenos de naturaleza arcillosa adheridos a la superficie del objeto e introducidos dentro del espacio globular aplastado.

Después de documentar minuciosamente los daños consignados se procedió a realizar un proyecto de intervención fundamentado principalmente en criterios de restauración ya que la pieza no presentaba inestabilidad física o química que pudiera sugerir un tratamiento de conservación curativa. Dicho proyecto se planteaba como meta la recuperación en el objeto de cierto nivel de esfericidad que permitiese al público entender la funcionalidad del mismo. No obstante, este objetivo no debía en ningún caso afectar al valor documental del objeto arqueológico borrando o introduciendo huellas de manipulación que desvirtuasen futuras investigaciones y análisis arqueométricos del mismo. Por este motivo se aplicaron técnicas de intervención con escaso o nulo contacto físico de instrumental mecánico para resolver los distintos problemas de restauración.

En primer lugar se procedió a la eliminación de los depósitos terrígenos adheridos al objeto tanto en superficie como en el interior. Un baño prolongado de solución hidroalcohólica con agentes tensoactivos sirvió para ablandar y desprender estos depósitos. El uso de pinceles y bastones de madera ayudó puntualmente en la eliminación de los restos más adheridos. El uso de ultrasonidos fue igualmente solicitado para colaborar en la extracción de los restos confinados en el interior de la esfera.

Figura 2

Figura 2: Imagen del proceso de restauración estructural bajo microscopio binocular.

La segunda operación, mucho más comprometida, fue la de recuperar cierto grado de esfericidad sin provocar nuevas fisuras o agravando el daño de las existentes. Por otra parte existía la exigencia de no utilizar instrumental metálico que pudiera arañar, aunque fuera imperceptible al ojo, la superficie del oro. Para ello se recurrió al empleo de pequeños bastones de madera expresamente tallados así como exploradores odontológicos previamente forrados con film termoretráctil de polietileno. Toda esta operación se llevó a cabo con el máximo control siendo asistida por el uso de un microscopio binocular Leica de 10 aumentos (Figura 2).

Finalmente, el trabajo de recuperación estructural concluyó después de conseguir ahuecar el espacio interior hasta una altura de 10 mm suficiente para adquirir cierta esfericidad en un ángulo de visión determinado. Dicha altura permitía interpretar al público la primitiva funcionalidad del objeto y por tanto se cumplía el objetivo de restauración previsto (Figura 3).

Figura 3

Figura 3: Imágenes del proceso de intervención: (1) estado inicial, (2) después de retirar la tierra adherida, (3) nivel de aplastamiento antes de la intervención y (4) recuperación de esfericidad tras la intervención.

 

Zambrano Valdivida, Luis Carlos. Restaurador del Museo de Cádiz.
López de la Orden, María Dolores. Conservadora del Museo de Cádiz.
Vallejo Sánchez, Juan Ignacio. Director del Museo de Cádiz.

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